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sábado, noviembre 26

Enseñas las entradas, pescas un periódico del festival y en unos minutos te encuentras sentado en el Jovellanos para ver una película de la sección oficial. O de un ciclo retrospectivo, es indiferente.
Al rato se apagan las luces y aparece en el escenario tras una breve presentación el director del film. Junto a él, un hombrecillo con un micrófono que va a hacer de intermediario de su lengua ignota y tu deje local.

Empieza a hablar el sajón y de pronto, dos butacas a la derecha tuya, oyes una risa a carcajadas. No sabes que pasa, ni de que se ríe. Desde el momento que le ves descojonarse y susurrar a su compañera, te has convertido en un espectador de segunda. El chiste te llegará unos segundos después, cuando el director tenga a bien parar de hablar y el traductor te traiga la gracia, tarde.

Pero, cuál es tu sorpresa, cuando escuchas la traducción y no hay ningún chascarrillo. Ha dicho que está contento de estar en la ciudad y que le hace ilusión que sea en aquí y no en otro lugar donde se proyecte por primera vez. Algo falla. ¿Una traducción interesada para engrandecer el ego del festival? En fin, lo pasas por alto. De pronto nueva carcajada socarrona a tu derecha. Giras para mirar y le ves con risa ufana y asintiendo con la cabeza. Miras fijamente al traductor y cuando le toca hablar le escuchas hablar sobre la dificultad de encontrar la felicidad de los personajes y de la labor de producción de la cinta. Vamos, que el que tienes a tu derecha lo que es es un indie gilipollas.

Efectivamente amigo, lo que está haciendo y que cada vez se ve más en eventos con barrera idiomática, es hacerse el políglota amparado por la oscuridad de la sala y reír supuestas gracias antes que el populacho para hacerse ver esos microsegundos antes de que llegue la traducción como un ser viajado, sabio y de risa fácil.

Claro que le dura lo que le dura. ¿Motivos? Ni idea. Una posible auto justificación de haber sido de los del timo de Opening, o del Doctor Mauder o simplemente que son víctima de la fiebre festivalera que azota la ciudad una vez al año.

Empieza la película, olvidas al tipo ese y te embulles en una historia de perdedores. Mientras vas asumiendo que el bueno deTodd Solondz no es ni su sombra, conoces a los personajes. El protagonista con los 40 cumplidos que vive con los padres y sufre una vida bien triste. Colecciona figurillas de esta de plomo de Warhammer. Es su hobby. Pues bien, en una escena le ves ir a un centro comercial a devolver una. Va a atención al cliente y sale en pantalla un tolai con acné. Vale, pues sin que te haya dado tiempo de asumir su presencia te llega una pedorreta ensordecedora que tras unos segundos, eclosiona en una risa Papanoélica (ojito al adjetivo) que viene de la fila de atrás.

Tíos hay que buscarse algo que hacer el resto del año...


Estos HO! HO! HO! se van a suceder en cada escena susceptible de tener vis cómica. Por leve que sea. Que le dan mal la vuelta, ahí tienes la risa. Que llama a la chica por teléfono y tiene tono de espera, pedorreta. Hay algún chiste pro-judío, fatality-combo de pedorreta volcánica y risa navideña.
Otro mal endémico del Festival; con el paso del tiempo han aparecido unos seres que vienen al cine a reirse. Que me parece genial, pero lo que me pone muy nervioso es oír risas cuando no pasa nada. Parecen las risas enlatadas que pueden hacer que el remake de Cheers de Tele5 pase de pufo consumado a hacerse con el nicho de mercado del humor inteligente.

Y es que no porque sea tu director fetiche hay que descojonarse (todavía al cerrar los ojos veo al tío hace que hace dos años solo en una fila, se reía como loco al ver una monja volar en medio del tedio de una de Harmony Korine), ni porque sea indie, hay que reirse de cosas gilipollas. A menos claro que lo que se busque nuevamente, sea el hacer ver a los demás amparado por la oscuridad del cine, lo refinado que tienes el sentido del humor.

Porque vamos. Si el nivel del humor para esta gente está tan bajo, no quiero ni pensar como pueden sobrevivir al día a día. Porque estos piden un cortadín en un chigre al azar en el Llano y en media hora los tienen que medicalizar de urgencia en el pulmón de acero del HUCA.

Gente peligrosa, estos indies.

Protegidos por lo oscuro

Enseñas las entradas, pescas un periódico del festival y en unos minutos te encuentras sentado en el Jovellanos para ver una película de la sección oficial. O de un ciclo retrospectivo, es indiferente.
Al rato se apagan las luces y aparece en el escenario tras una breve presentación el director del film. Junto a él, un hombrecillo con un micrófono que va a hacer de intermediario de su lengua ignota y tu deje local.

Empieza a hablar el sajón y de pronto, dos butacas a la derecha tuya, oyes una risa a carcajadas. No sabes que pasa, ni de que se ríe. Desde el momento que le ves descojonarse y susurrar a su compañera, te has convertido en un espectador de segunda. El chiste te llegará unos segundos después, cuando el director tenga a bien parar de hablar y el traductor te traiga la gracia, tarde.

Pero, cuál es tu sorpresa, cuando escuchas la traducción y no hay ningún chascarrillo. Ha dicho que está contento de estar en la ciudad y que le hace ilusión que sea en aquí y no en otro lugar donde se proyecte por primera vez. Algo falla. ¿Una traducción interesada para engrandecer el ego del festival? En fin, lo pasas por alto. De pronto nueva carcajada socarrona a tu derecha. Giras para mirar y le ves con risa ufana y asintiendo con la cabeza. Miras fijamente al traductor y cuando le toca hablar le escuchas hablar sobre la dificultad de encontrar la felicidad de los personajes y de la labor de producción de la cinta. Vamos, que el que tienes a tu derecha lo que es es un indie gilipollas.

Efectivamente amigo, lo que está haciendo y que cada vez se ve más en eventos con barrera idiomática, es hacerse el políglota amparado por la oscuridad de la sala y reír supuestas gracias antes que el populacho para hacerse ver esos microsegundos antes de que llegue la traducción como un ser viajado, sabio y de risa fácil.

Claro que le dura lo que le dura. ¿Motivos? Ni idea. Una posible auto justificación de haber sido de los del timo de Opening, o del Doctor Mauder o simplemente que son víctima de la fiebre festivalera que azota la ciudad una vez al año.

Empieza la película, olvidas al tipo ese y te embulles en una historia de perdedores. Mientras vas asumiendo que el bueno deTodd Solondz no es ni su sombra, conoces a los personajes. El protagonista con los 40 cumplidos que vive con los padres y sufre una vida bien triste. Colecciona figurillas de esta de plomo de Warhammer. Es su hobby. Pues bien, en una escena le ves ir a un centro comercial a devolver una. Va a atención al cliente y sale en pantalla un tolai con acné. Vale, pues sin que te haya dado tiempo de asumir su presencia te llega una pedorreta ensordecedora que tras unos segundos, eclosiona en una risa Papanoélica (ojito al adjetivo) que viene de la fila de atrás.

Tíos hay que buscarse algo que hacer el resto del año...


Estos HO! HO! HO! se van a suceder en cada escena susceptible de tener vis cómica. Por leve que sea. Que le dan mal la vuelta, ahí tienes la risa. Que llama a la chica por teléfono y tiene tono de espera, pedorreta. Hay algún chiste pro-judío, fatality-combo de pedorreta volcánica y risa navideña.
Otro mal endémico del Festival; con el paso del tiempo han aparecido unos seres que vienen al cine a reirse. Que me parece genial, pero lo que me pone muy nervioso es oír risas cuando no pasa nada. Parecen las risas enlatadas que pueden hacer que el remake de Cheers de Tele5 pase de pufo consumado a hacerse con el nicho de mercado del humor inteligente.

Y es que no porque sea tu director fetiche hay que descojonarse (todavía al cerrar los ojos veo al tío hace que hace dos años solo en una fila, se reía como loco al ver una monja volar en medio del tedio de una de Harmony Korine), ni porque sea indie, hay que reirse de cosas gilipollas. A menos claro que lo que se busque nuevamente, sea el hacer ver a los demás amparado por la oscuridad del cine, lo refinado que tienes el sentido del humor.

Porque vamos. Si el nivel del humor para esta gente está tan bajo, no quiero ni pensar como pueden sobrevivir al día a día. Porque estos piden un cortadín en un chigre al azar en el Llano y en media hora los tienen que medicalizar de urgencia en el pulmón de acero del HUCA.

Gente peligrosa, estos indies.

lunes, octubre 1

Que hay mucha gente frustrada no hace falta que nos lo demuestre un estudio sociológico. No hay más que hablar con la gente para ver cuanto pintor de acuarela se perdieron los museos o cuanto ingeniero de valla de obra acude a dar voces cada día fundiendo sus días de jubilación viendo trabajar a otros.

Cuando hablas con gente que no pudo realizar su sueño, tienes dos opciones. O bien compadecerte de ellos dejando que te llenen la cabeza de pesares ajenos o la más peligrosa de animar a cumplir esos sueños con la manida frase de "siempre hay tiempo".

Siempre hay tiempo los cojones; esta frase puede desencadenar sucesos de todo tipo. Porque no es lo mismo el que te dice que siempre tuvo gana de matricularse de astronomía por la Universidad Popular porque se acuerda de Cosmos de Carl Sagan o de el que quedó con gana de ver si los mutantes de las Urdes son tanto como se rumorea.

El problema lo tienes si un amigo te dice, tras la ingesta de un hectolitro de Späten, que la pana y las camisas de cuadros no le llenan; ni ir de sport ni ponerse traje, que lo que quiere es vestir de mujer.

Tras la risión inicial y asumir el status quo (si es que se puede sumir que un paisano de los de antes quiera acabar su vida travesti), se te pasa por la cabeza animarle a dar el paso. A medias porque sabes que no tiene cojones para hacerlo y a medias porque te lo imaginas el lunes en Porceyo descargando naranjas de Benifairo de Valldigna la escena y el juego que puede dar.

Ahora piensa en Mariano; 50 y muchos, casado con María, otrora Miss Bimenes 73 y ahora prima-hermana de la Masa Nicolasa sin inquietudes culturales. A esto suma dos hijos, Jamín que tras probar un año en Ingenieros acabó haciendo ADE y Rosa, putuca pero discreta y residente en Madrid hace años.

Total que Mariano llega a casa, se mira al espejo y decide hacer caso a las voces que oye dentro de su cabeza y a su mejor amigo y manda a tomar polculo años de hastío, monotonía y decide que el lunes empieza una nueva etapa.

Mariano es gay-nau.jpg


Pisa con garbo.jpg


Les pates de Mariano.jpg


¿Merece la pena la felicidad de un hombre? ¿Te imaginas cuando llegue a manos de la familia cierto Powerpoint con ciertas fotos del pater familias? ¿Imaginas a Mariano 2.0 y a María ir a tomar el vermut el domingo al Dindurra?

Reflexionemos un instante y desterremos la frase "siempre hay tiempo" de nuestro vocabulario. Mejor un hombre frustrado que una familia destrozada y con orgullo socavado.

Mariano es gay nau

Que hay mucha gente frustrada no hace falta que nos lo demuestre un estudio sociológico. No hay más que hablar con la gente para ver cuanto pintor de acuarela se perdieron los museos o cuanto ingeniero de valla de obra acude a dar voces cada día fundiendo sus días de jubilación viendo trabajar a otros.

Cuando hablas con gente que no pudo realizar su sueño, tienes dos opciones. O bien compadecerte de ellos dejando que te llenen la cabeza de pesares ajenos o la más peligrosa de animar a cumplir esos sueños con la manida frase de "siempre hay tiempo".

Siempre hay tiempo los cojones; esta frase puede desencadenar sucesos de todo tipo. Porque no es lo mismo el que te dice que siempre tuvo gana de matricularse de astronomía por la Universidad Popular porque se acuerda de Cosmos de Carl Sagan o de el que quedó con gana de ver si los mutantes de las Urdes son tanto como se rumorea.

El problema lo tienes si un amigo te dice, tras la ingesta de un hectolitro de Späten, que la pana y las camisas de cuadros no le llenan; ni ir de sport ni ponerse traje, que lo que quiere es vestir de mujer.

Tras la risión inicial y asumir el status quo (si es que se puede sumir que un paisano de los de antes quiera acabar su vida travesti), se te pasa por la cabeza animarle a dar el paso. A medias porque sabes que no tiene cojones para hacerlo y a medias porque te lo imaginas el lunes en Porceyo descargando naranjas de Benifairo de Valldigna la escena y el juego que puede dar.

Ahora piensa en Mariano; 50 y muchos, casado con María, otrora Miss Bimenes 73 y ahora prima-hermana de la Masa Nicolasa sin inquietudes culturales. A esto suma dos hijos, Jamín que tras probar un año en Ingenieros acabó haciendo ADE y Rosa, putuca pero discreta y residente en Madrid hace años.

Total que Mariano llega a casa, se mira al espejo y decide hacer caso a las voces que oye dentro de su cabeza y a su mejor amigo y manda a tomar polculo años de hastío, monotonía y decide que el lunes empieza una nueva etapa.

Mariano es gay-nau.jpg


Pisa con garbo.jpg


Les pates de Mariano.jpg


¿Merece la pena la felicidad de un hombre? ¿Te imaginas cuando llegue a manos de la familia cierto Powerpoint con ciertas fotos del pater familias? ¿Imaginas a Mariano 2.0 y a María ir a tomar el vermut el domingo al Dindurra?

Reflexionemos un instante y desterremos la frase "siempre hay tiempo" de nuestro vocabulario. Mejor un hombre frustrado que una familia destrozada y con orgullo socavado.

domingo, septiembre 2

Va a ser definitivamente la semana del pene. Si el otro día salía a relucir la historia del eunuco de Salamanca, hoy traigo a la palestra un vídeo de Teletienda que últimamente es la comidilla en el trabajo y que traerá cola.

Se trata de Jes-Extender, un alargador de pene casero que evita esos engorrosos momentos de cirugía, vendas e incertidumbre. La máquina en cuestión se basa en la teoría que si alguien te tira de la punta de capullo así de continuo, genera un aumento de grosor y cómo no, de longitud.

Por lo visto las células del cuerpo si tiran de ellas se dividen y multiplican creando un nuevo mango, mejorado. Ya puestos, a ver si sacan algo para hacer crecer fémures, pero sin más dilación, veamos el vídeo:



No me negareis que es una joya el vídeo.

Partimos de la premisa que es un producto para hombres, por lo que trata de ganarse nuestra confianza mediante todo tipo de argucias psicológicas; y tocan todos los palos:

  • Tenemos cobertura para los sesenteros adinerados, como queda reflejado con la presencia del cáncamo estilo Papuchi, acompañado de la hembrona de la edad de su nieta. Nos recuerdan que "ellas" se ponen tetas y labios así bien duricos y nos pican para que nos hagamos la pregunta "¿Por qué yo no puedo desear una minga campeona?"; salvando la diferencias que esto sólo cuesta 120€, frente a lo que les cuesta a ellas meterse en siliconas.
  • Sale también un testimonio femenino que sirve para horadar a los que tienen el orgullo socavado, que tras una breve reflexión en voz alta, proclama "A mí, me gustan grandes", despachando de un plumazo ese mito sobre si el tamaño importa.
  • Tenemos a un barbas al que por lo viso ya calza un churro tamaño estandard, pero que tras ser sondeado por un colega de trabajo se lo piensa. Tras remarcarnos varias veces que él problemas no tiene, decide que con 4 centímetros más iba a ser la comidilla. Poco después, aparece sonriente alertándonos que "Ahora va bien armado".
  • Luego viene el que más jodido está con diferencia. Un chaval en un gimnasio que dice que cuando se ducha y compara con los otros gladiadores, que no le salen las cuentas. Vamos, que encima de pajillero de ducha de gimnasio, encima con complejo. Añadiendo dramatismo a la escena, el director del spot nos lo retrata en penumbra, con la cabeza gacha y reconociendo abiertamente que en vez de cetro tiene un timbre.

A estos testimonios ya certeros si añadimos lo de que se puede poner para ir a trabajar (no me quiero ni imaginar que se te caiga yendo a mear, lo comprensivos que iban a estar los compañeros), que durmiendo se puede caer pero que si lo aprietas fuerte que también se puede, y que como dice una de las lascivas mujeres que dan testimonio "que ahora lo hace más a menudo y que le apetece más", ya me imagino que van a vender más aparatos de estos que dobla camisetas en la Feria de Muestras de este año.

Eso sí, ojito que tardarán poco en sacar el Jes-Restorer para devolverte tu amada y ahora dañada colilla a su estado original tras intentar estirarla y acabar con ella en carne viva.

"A mí, me gustan grandes"

Va a ser definitivamente la semana del pene. Si el otro día salía a relucir la historia del eunuco de Salamanca, hoy traigo a la palestra un vídeo de Teletienda que últimamente es la comidilla en el trabajo y que traerá cola.

Se trata de Jes-Extender, un alargador de pene casero que evita esos engorrosos momentos de cirugía, vendas e incertidumbre. La máquina en cuestión se basa en la teoría que si alguien te tira de la punta de capullo así de continuo, genera un aumento de grosor y cómo no, de longitud.

Por lo visto las células del cuerpo si tiran de ellas se dividen y multiplican creando un nuevo mango, mejorado. Ya puestos, a ver si sacan algo para hacer crecer fémures, pero sin más dilación, veamos el vídeo:



No me negareis que es una joya el vídeo.

Partimos de la premisa que es un producto para hombres, por lo que trata de ganarse nuestra confianza mediante todo tipo de argucias psicológicas; y tocan todos los palos:

  • Tenemos cobertura para los sesenteros adinerados, como queda reflejado con la presencia del cáncamo estilo Papuchi, acompañado de la hembrona de la edad de su nieta. Nos recuerdan que "ellas" se ponen tetas y labios así bien duricos y nos pican para que nos hagamos la pregunta "¿Por qué yo no puedo desear una minga campeona?"; salvando la diferencias que esto sólo cuesta 120€, frente a lo que les cuesta a ellas meterse en siliconas.
  • Sale también un testimonio femenino que sirve para horadar a los que tienen el orgullo socavado, que tras una breve reflexión en voz alta, proclama "A mí, me gustan grandes", despachando de un plumazo ese mito sobre si el tamaño importa.
  • Tenemos a un barbas al que por lo viso ya calza un churro tamaño estandard, pero que tras ser sondeado por un colega de trabajo se lo piensa. Tras remarcarnos varias veces que él problemas no tiene, decide que con 4 centímetros más iba a ser la comidilla. Poco después, aparece sonriente alertándonos que "Ahora va bien armado".
  • Luego viene el que más jodido está con diferencia. Un chaval en un gimnasio que dice que cuando se ducha y compara con los otros gladiadores, que no le salen las cuentas. Vamos, que encima de pajillero de ducha de gimnasio, encima con complejo. Añadiendo dramatismo a la escena, el director del spot nos lo retrata en penumbra, con la cabeza gacha y reconociendo abiertamente que en vez de cetro tiene un timbre.

A estos testimonios ya certeros si añadimos lo de que se puede poner para ir a trabajar (no me quiero ni imaginar que se te caiga yendo a mear, lo comprensivos que iban a estar los compañeros), que durmiendo se puede caer pero que si lo aprietas fuerte que también se puede, y que como dice una de las lascivas mujeres que dan testimonio "que ahora lo hace más a menudo y que le apetece más", ya me imagino que van a vender más aparatos de estos que dobla camisetas en la Feria de Muestras de este año.

Eso sí, ojito que tardarán poco en sacar el Jes-Restorer para devolverte tu amada y ahora dañada colilla a su estado original tras intentar estirarla y acabar con ella en carne viva.