Ayer cruzamos Corchete (Mi Citröen C3) y yo castilla desde Segovia a Gijón y a la altura de Medina del Campo paramos. Él para que le pusiera sopa y yo para tomar una Pisicola y tal y cual.
Así que tras repostar me adentré en el área de servicio. Nada más entrar me encuentro con una oferta que anunciaba que 5 litros de líquido para el limpiaparabrisas antimosquitos 'sólo' valía 6 euros.

Mientras me preguntaba quién coño podría pagar 6 euros por ese bidón con líquido lleno de orín de empleado de gasolinera, veo a una familia, compuesta por padre, madre e hija y mientras ellas miraban de soslayo abochornadas, el pater familias se dedicaba a sopesar bidones para coger el que más llevara.
Entonces sientes eso que la gente llama vergüenza ajena; es como ponerse en el papel de los sufridores del hombre con palillo en boca que buscaba su bidón.
Pero mi aventura acababa de empezar. Tras acercarme a la barra veo un mapamundi tamaño XXL ocupando toda una pared del bar-restaurant y en medio del mapamundi, a la altura de sudáfrica veo a un hombrecillo en shorts, camiseta tirantes en una silla espatarrao durmiendo la siesta, con móvil y chupito de Pacharán en una mesa.

No le hice foto por si algún familiar se percataba y me ofrecía una tollina de recuerdo de Medina del Campo.
Tras tomar la Pisicola voy a pagar a una camarera que comentaba a voces con un compañero que se había acostado con el novio en la cama que le compraron los padres cuando hizo la primera comunión, y tras pedirle la cuenta me dice lo que es.
Para redondear, le doy más dinero de lo que marcaba la cuenta para que ella me diera cambio exacto y me dice 'Perdone me da más dinero de lo que vale el refresco'. Tras discutir un ratito le dije que tecleara el dinero que le doy en su máquina mágica y a ver que pasaba.

Al volver de la caja me miraba de mala ostia, mientras yo la miraba con vergüenza ajena, y no por su laguna monetaria sino por ese tinte rubio putón de Connecticut con raíces más negras que el ojete de una rata.
Y que conste que no tengo nada en contra de los amables lugareños de Medina del Campo, pero lo que si es verdad es que cuando viajas por carretera y paras en un área de servicio de estas que no hace falta salirse de la autovía, puedes ver mucho friki suelto.

Por no hablar de la zona de revistas porno (muy útiles en viajes largos), con los últimos números de Private, Ébano, Clímax o esos DVD picantuelos que tan discretos están colocados junto a los Doritos Gargacoa.
Un lujazo asiático estos bazares de carretera; en fin, que tengo jet lag por el viaje, así que no cuento más.
Así que tras repostar me adentré en el área de servicio. Nada más entrar me encuentro con una oferta que anunciaba que 5 litros de líquido para el limpiaparabrisas antimosquitos 'sólo' valía 6 euros.
Mientras me preguntaba quién coño podría pagar 6 euros por ese bidón con líquido lleno de orín de empleado de gasolinera, veo a una familia, compuesta por padre, madre e hija y mientras ellas miraban de soslayo abochornadas, el pater familias se dedicaba a sopesar bidones para coger el que más llevara.
Entonces sientes eso que la gente llama vergüenza ajena; es como ponerse en el papel de los sufridores del hombre con palillo en boca que buscaba su bidón.
Pero mi aventura acababa de empezar. Tras acercarme a la barra veo un mapamundi tamaño XXL ocupando toda una pared del bar-restaurant y en medio del mapamundi, a la altura de sudáfrica veo a un hombrecillo en shorts, camiseta tirantes en una silla espatarrao durmiendo la siesta, con móvil y chupito de Pacharán en una mesa.
No le hice foto por si algún familiar se percataba y me ofrecía una tollina de recuerdo de Medina del Campo.
Tras tomar la Pisicola voy a pagar a una camarera que comentaba a voces con un compañero que se había acostado con el novio en la cama que le compraron los padres cuando hizo la primera comunión, y tras pedirle la cuenta me dice lo que es.
Para redondear, le doy más dinero de lo que marcaba la cuenta para que ella me diera cambio exacto y me dice 'Perdone me da más dinero de lo que vale el refresco'. Tras discutir un ratito le dije que tecleara el dinero que le doy en su máquina mágica y a ver que pasaba.
Al volver de la caja me miraba de mala ostia, mientras yo la miraba con vergüenza ajena, y no por su laguna monetaria sino por ese tinte rubio putón de Connecticut con raíces más negras que el ojete de una rata.
Y que conste que no tengo nada en contra de los amables lugareños de Medina del Campo, pero lo que si es verdad es que cuando viajas por carretera y paras en un área de servicio de estas que no hace falta salirse de la autovía, puedes ver mucho friki suelto.
Por no hablar de la zona de revistas porno (muy útiles en viajes largos), con los últimos números de Private, Ébano, Clímax o esos DVD picantuelos que tan discretos están colocados junto a los Doritos Gargacoa.
Un lujazo asiático estos bazares de carretera; en fin, que tengo jet lag por el viaje, así que no cuento más.